Thierry Henry: historia gunner escrita en francés







Thierry Henry ha sido, sin duda, uno de los mejores delanteros en el inicio del siglo XXI. Sus goles, olfato y talento destacaron en Francia, Inglaterra y España. Ahora, dedicado de manera íntegra a los banquillos, echamos la mirada atrás para recordar cómo logró convertirse en leyenda.





Luís antonio martínez ochoa



Si se pudiera añadir el azul a la camiseta del Arsenal, sería la elástica hecha a medida para Thierry Henry. El francés es puro sentimiento gunner. Un auténtico martillo demoledor que, durante veinte años, enamoró a muchos futboleros. Talento y goles exportados de Francia para el mundo que, seis años después de su retirada, el fútbol echa de menos. Porque, está claro, un jugador profesional que en categorías inferiores ha peloteado con gente como Anelka o Trezeguet, está claro que será alguien digno de sentarse en la butaca de un estadio para disfrutar.


Si hablamos de Henry, hablamos de un futbolista que ha tenido al lado a gente como Bergkamp, Zidane, Messi, Xavi o Iniesta. Y jamás se arrugó. Y no lo hizo por una sencilla razón: no jugaba, ni mucho menos, a un nivel inferior a los anteriormente mencionados – sin ánimo de hacer odiosas comparaciones.


Todo comenzó en Mónaco. Es probable que el 31 de agosto de 1994 Arsène Wenger ya sabía lo que se le venía encima con el bueno de 'Titi'. Allí se curtió cuatro años, donde se convirtió en un jugador importante para el club del principado. Anotó sus primeros veinte goles como profesional. Los suficientes para sentirse capacitado de dar el salto a una liga mejor. Ya que no todos los cambios son buenos, su experiencia en Italia con la elástica de la Juventus, donde coincidió con figuras como Del Piero, Zidane o Inzaghi, le sirvió para darse cuenta que no hay nada como volver con aquel entrenador que te dio la oportunidad. Por ello, tan solo medio año después de llegar a Turín, decidió hacer las maletas y marcharse a Londres, donde comenzaría su verdadero legado.


Londres, su segunda casa


Visible está en los aledaños del Emirates Stadium una estatua de Henry que hace que aquellos seguidores gunners puedan recordar cada quince días tiempos mejores. Un metal que evoca a un pasado – no tan lejano – donde los goles caían como churros para el francés. Una época donde Wenger, y el juego del Arsenal, brillaban por Inglaterra y también por Europa. ¿A qué seguidor no le gustaría tener un ídolo como Henry? Se trata de uno de esos casos donde un jugador y equipo hechos a medida no coinciden en procedencia. Lo vimos con Batistuta en Florencia, Messi en el Barça, Maradona en Nápoles o Drogba también en Londres. Una mezcla explosiva a la vez que enamoradiza.


Definitivamente, para Henry fue todo un acierto marcharse a defender la elástica de los gunners. Allí se convirtió en uno de los mejores delanteros del mundo y, sin duda, en un icono para los seguidores del Arsenal. El francés marcó 175 goles en algo más de ocho temporadas. Un auténtico escándalo. Dos títulos ligueros, tres veces campeón de la FA Cup y un subcampeón de Champions en una ocasión, aunque el destino le daría una última oportunidad para que pudiera retirarse con una orejona.


Más allá de los números, Henry fue la pieza más visible de un grupo futbolístico dirigido por Wenger que marcó una época en Inglaterra. Fue capaz de hacer que una época donde tocaba relegar a Dennis Bergkamp fuera recordada por los éxitos cosechados. Ya en los inicios del presente siglo, Henry estaba considerado como uno de los mejores jugadores de la Premier League y, por ende, del fútbol europeo.





Kieran clarke



En Barcelona amplió su palmarés


En 2007 decidió cambiar de aires y ampliar miras. Marchó a la ciudad condal con el objetivo de cerrar su carrera profesional – ya que firmó por cuatro temporadas - manteniendo una línea de competitividad muy alta, cosechando títulos y éxitos. Y vaya si lo consiguió. En el FC Barcelona logró, entre otras cosas, alzarse con todos los títulos en juego en el año 2009. Champions, Liga, Copa, Supercopa de España y Supercopa de Europa, además del Mundialito de Clubes. Es decir, en su paso por Barcelona, está claro que Henry se aficionó por el bricolaje para ampliar el tamaño de las vitrinas de su casa.


Una época donde coincidió con el que fuera probablemente el mejor Barça de la historia comandado por Pep Guardiola. Fue una manera de demostrar que, pasada la mejor etapa de su carrera, Henry tenía aún mucho fútbol en las botas.


Más de 50 razones para creer en Francia con Henry


Resulta difícil no comparar el inicio de la carrera de Henry con la de una tortuga ninja. Empezando en el Mónaco, logrando triunfos con la selección nacional a temprana edad y demostrando un potencial digno de superestrella mundial. Henry llegó y besó el santo con menos de 25 años ya había conseguido ganar un Mundial y una Eurocopa. A partir de ahí, todo lo que llegue es imposible que sea mejor. Esa selección de Francia en el cambio de siglo fue de esos equipos nacionales que marcaron el fútbol de una generación, consiguiendo en dos años naturales dos grandes títulos. La Marsellesa sonaba mucho más fuerte en aquella época.


Si a todo esto le sumamos una carrera con 123 internacionalidades y más de 50 goles, cabe integrar a esta figura en una de las grandes de la historia de Francia, como podría serlo Raúl en España, Ballack en Alemania o Beckham en Inglaterra, coincidiendo además todos ellos en una preciosa línea temporal futbolística que sirvió de infancia para millennials.


Ahora, ya retirado como futbolista tras sus últimos años haciendo caja y gira por la MLS, no encuentra mejor ocupación que dedicarse a enseñar lo que mejor sabe hacer: jugar al balompié. La gran pregunta es: ¿veremos a Henry triunfar como entrenador al nivel con el que lo hizo como jugador? Si esto sucediera en un futuro cercano, cojan asiento. Será para no perdérselo.