"me iba de vacaciones con los fisios y su familia. no perdía ni un día para intentar volver a jugar"










Álvaro Benito no llega ni la mitad de siglo, pero su vida bien vale por tres o cuatro. El exjugador, músico, comentarista y entrenador atiende a esta revista por teléfono. En casa, con amigos y con un buen tono a pesar de la situación. En un lunes, le robamos media hora para hablar de su carrera en el fútbol, en la música y en los medios. Con calidad y arte para el regate, Álvaro no esquiva ninguna pregunta y se extiende. Espera cada pregunta y responde con concreción. Ese medio segundo que diferencia a los buenos de los muy buenos. Una carrera para repasar y un futuro ‘sin nada que perder’.





¿Quién crea que lo del fútbol en tu caso llegó de forma tardía, se equivoca verdad?


Siempre estuvo. Tenía obsesión con los balones. Mi madre siempre dice que todo lo veía como una pelota cuando apenas podía hablar. Siempre estaba jugando en casa, en el colegio y con seis años ya estaba federado.



¿Los remates de balón iban ya con banda sonora en tu cabeza?


Es un interés diferente. El fútbol era una pasión diferente. En mi casa siempre había música, eso sí. Siempre me ha gustado tener casetes, discos... Me encanta ir a conciertos. En mi casa había una guitarra gracias a mi padre, pero nunca imaginé dedicarme a esto. Yo solo pensaba en ser futbolista y lo demás era una compañera de vida. No era mi objetivo. Yo quería ser futbolista.



Dentro de tu mundo de repente aparece algo tan grande como el Real Madrid...¿Cómo llegó el club blanco a tu vida?


Yo jugaba en el Real Ávila y me vio un ojeador del Madrid. Hablaron con mi padre y me lo propuso. Yo ya tenía varias ofertas y me decidí por el Madrid con 14 años. Llegué a la pensión donde nos metían a los chicos de fuera antes y empecé a perseguir mi sueño.



Ese salto tuvo que ser enorme...


Era gigante para tu vida, en general. Te adaptas, pruebas a ver si vales... Vi tangible dedicarme a esto cuando veía que iba bien, que progresaba, que empezaba a entrenar alguna vez con el primer equipo. Yo lo vi realmente tangible cuando debutó Raúl. Pasó de verse inaccesible a que se podía ver realidad.



¿Cómo fue la llegada ya a la primera plantilla de pleno derecho?


Fue gradual. Yo iba a entrenar alguna vez, a algún amistoso. En la 95-96 ya hago la pretemporada y la cosa se pone seria. Yo tenía mucho respeto por ellos, pero el justo. Tenías que pensar que le podías quitar el puesto. Nada de rendir pleitesía. Es el más alto nivel y sentía que podía pelear el puesto. Sentí que me tenía que agarrar a ello y luchar muchísimo. Esa pretemporada me cambió y vi que podía estar en la plantilla del Real Madrid. En ese momento, elevé mi nivel de competitividad.


Si no, esto te devora. Como te vean débil, ahí nadie va a tener compasión, aunque tengas 18 años. Si no estás preparado, que pase el siguiente. Hay que ser muy fuerte para hacerte un hueco ahí. Yo lo sentía como la oportunidad de mi vida. Por mucho que estaba al lado de mis ídolos, yo me jugaba el puesto con ellos... pero yo luchaba por lo mío.


¿Y aquella pretemporada?


No había mucho tiempo libre. Recuerdo que había muy buen ambiente. En general, todos mis compañeros eran gente maja. Me llevaba mejor con Raúl y Guti, con Víctor, pero también con Hierro, Michel, Amavisca, Milla, Redondo... ¿Alguna anécdota en particular? El año de Fabio (Capello), Guti y yo estábamos enganchados al PC Fútbol. Le quitamos el ordenador a Valbuena y jugábamos.


Esa competitividad, ¿te permite hacer amigos en el fútbol?


Creo que sí. Al final, te reencuentras con la gente y más ahora, que estoy de vuelta en el fútbol en Movistar y con la gente que coincidí hay muy buen recuerdo. Hay que saber separar el competir y el respeto por las personas.


Esta es la cara bonita, pero tú viviste la más desagradable. ¿Cómo fue la lesión y ese duro proceso de recuperación?


La primera operación ya no tuvo buen resultado y, al volver, la sensación era que ya no estaba bien. Que no estaba como antes. Eso fue el principio del fin. Fue un proceso muy duro. La crónica de una muerte anunciada. Pude saborear muy poco del fútbol profesional.



En ese proceso entiendo que uno se siente solo...



Fue duro a nivel psicológico. Piensas que porque yo, pero estaba más concentrado en poder recuperarme, en que no se me inflamara, en poder dar un paseo y luego, si se podía, volver a jugar al fútbol. No tenía tiempo para deprimirme demasiado. Solo pensaba en recuperar mi salud, pero sí, había momentos duros. Ese momento de ir al Bernabéu cada quince días a ver a tus compañeros y estar en el vestuario y no poder cambiarte, ir a la ciudad deportiva a recuperarte y no poder entrenar... Es díficil. Luego, te dicen que tienen que volver a operarme y volver a empezar el proceso. No fue nada fácil.



Luego, viste una oportunidad en el Getafe



Consigo que la rodilla esté apta para volver a jugar, pero claro, después de todo esto, en un día bueno yo era un 50% del futbolista que había sido. La lesión me convirtió en otro jugador. La diferencia entre la super élite y otro nivel, a veces, es llegar medio segundo antes a un balón. Intenté pensar en casi un milagro. Entrené buscando cuando nivel podía recuperar del futbolista que había sido o que se pensaba que podría llegar a ser pero el milagro no llegó. Era mucho el sacrificio cada día. Era dolor, mucho cuidado y no merecía la pena. Además, yo tenía el fútbol en la cabeza pero no era capaz de ejecutarlo con las piernas.



Al final, decides retirarte. Siempre cuentas que fue como quitarte una losa...



Sí. Al final, pasas muchos momentos de incertidumbre y es lo peor. Si te pasa algo desgraciado, lo asumes, pasas tu luto y el dolor va pasando, pero cuando no sabes cómo va a acabar te come por dentro y... Yo me fui con la conciencia tranquila. Lo intenté a más no poder. Rehabilitaba 8 o 10 horas al día, me iba de vacaciones con los fisios y su familia. No perdía ni un día para intentar volver a jugar, pero no se dio. Cuando vi que era imposible, respiré. La vida irá por otro camino, no sabemos cuál, pero está claro que este no es.



¿Cómo pasas del fútbol a la música? ¿Cómo fue esa transición?



Nace desde mi pasión por la música y también, desde la inconsciencia. Nos lanzamos rápidamente a grabar sin tener ni puta idea de nada. Fuimos aprendiendo a tortazos, a bandazos... Después de unos años fracasando, tuvimos un golpe de suerte. Alguien se fijó en nosotros para hacer la música de Los Hombres de Paco y, desde ese momento, la serie empezó a funcionar y todo cambió. De repente, podíamos vivir de la música y es una etapa maravillosa. Yo lo necesitaba. Lo viví sin presión. Tenía 30 años y había jugado en el Real Madrid. Estaba de vuelta con el tema de la fama.



Después de jugar en el Bernabéu...



Claro. Además, el fútbol tiene variables, contrarios, es sufrido pero la música para mí era un disfrute. Siempre me preguntaban si me ponía nervioso antes de salir a cantar y yo salía muy relajado. Es repetir lo que ensayas. Claro que quieres que salga bien, que la gente disfrute, pero nada que ver. He disfrutado y lo disfruto mucho.



Pero, además, no eres el único futbolista del grupo, ¿no?



Polo jugaba en el mismo equipo que un chaval de la pensión que hice muy buenas migas con él y nos presentó. Luego, él y yo nos hicimos amigos y cuando me compré la batería, al tío le gustó y ahí empezó todo. Él estaba muchas veces en mi casa y me decía "Vamos a tocar". Nos enganchamos y ahí empezó todo.



Después de haber probado las dos, con sus cosas (hoteles, partidos, conciertos), ¿Con qué vida te quedarías con la de músico o la de futbolista?



La vida de músico es más divertida (risas). Tiene mucha menos exigencia, eres tu propio jefe, la gente va a disfrutar de tu música y en el fútbol tienes un oponente, tienes que ganar y hay mucha más presión. Como vida, la de músico. El deportista te tiene que cuidar mucho. El fútbol tiene muchos sinsabores, pero la satisfacción... Es que vas flotando a casa. Dar un buen concierto es muy satisfactorio, pero no llega.



¿Cómo es esa satisfacción? Porque servidor y creo que la mayoría de los lectores no hemos marcado nunca en el Bernabéu...



Jugar en el Bernabéu es una sensación de responsabilidad tremenda. Es como el examen de tu vida. Tú has hecho selectividad, ¿no?



Sí.



¿Y cómo estabas?



Solo recuerdo que en un examen me sangraba bastante la nariz y no quise salir. Prefería sangrar y manchar algo pero que no me sacaran.



(Risas) Yo también hice la selectividad y bueno, esa sensación multiplicala por cien. Piensas que llevas luchando por eso toda la vida.



¿Y el gol en el Bernabéu?



No se puede explicar. Porque lo he visto pero no recuerdo ni que hice. Pensé que mi vida tenía sentido. Que todos los sacrificios merecían la pena. Es como quitarte una mochila de encima y sentir que estar preparado. Y todo esto, en segundos. Fue un momento de reafirmación.



Ahora estás en los medios comentando para Movistar, pero, ¿cómo era tu relación la prensa durante tu etapa como jugador? ¿Leías los periódicos?



Yo veía todo, pero nunca me importaban demasiado las opiniones externas. Cuando más mayor, menos me importan, además. Si yo hacía un partido malo, mi mayor crítico ya era yo. Mi relación con ellos era buena. Antes, que teníamos más trato entre jugador y prensa, ellos iban a la Ciudad Deportiva y estábamos empezando todos. Ahora, tienen puestos importantes y conservo una buena relación con ellos. Esto también ha jugado a mi favor. Me conocen como soy y hace mucho como seas para que te vayan bien las cosas.



Esa actitud, precisamente, de llevarte bien, de ser empático.

¿Te sirve a la hora de comentar?


Creo que comentar es una responsabilidad tremenda. Hay que tener en cuenta que hablas de personas y también cuidar los sentimientos de los aficionados. Es que es un sentimiento difícil de explicar lo que siente alguien por su equipo y hay que respetarlo. Por delante, siempre está el respeto. Y bueno, siempre intento hablar del juego. Todo el mundo sabe que soy del Real Madrid, me he criado allí. Sería ridículo que no lo hiciera de distinta manera.



Intento decir que me vale, que no me parece que está tan bien. Intento no torcerme y siempre, con mucho respeto. A veces, me abruma tanta muestra de cariño porque pienso que más dura será la caída (risas). Me ha sorprendido que la gente del Atleti me muestre tanto cariño con la rivalidad que hay y que está presente. Intento que nada me condicione cuando comento. No es tanto cuestión de ser objetivo, es ser honesto.



Hablas de respeto y eso muestras, pero por un comentario, cerraron tu etapa en el Real Madrid. Mirando al futuro, ¿quieres volver a entrenar?



Yo soy entrenador, pero para abandonar todo lo que tengo ahora construido es algo irrechazable. No es fácil que llegue, pero si algo me enseña esta vida es que siempre hay sorpresas. Yo sigo formándome y al final, analizo cada partido de Primera cada jornada. Respecto al Madrid, acepté lo que sucedió. Entiendo que puede haber incompatibilidad, pero cuando me contrataron yo ya trabajaba en medios.


Desde entonces, la vida me sonríe. No voy a mirar para atrás. Si no lo hice cuando me lesioné, no lo haré ahora. Estoy satisfecho con lo que hago y con lo que hice. Me marché con la cabeza muy alta y ahí están los chicos con los que trabajé para corroborarlo. Yo al Real Madrid no puedo estar más que agradecido y siempre que me llame ahí estaré.



Como comentarista, ¿cómo dirías que es el Álvaro Benito entrenador?



Siempre tienes que tener unas ideas a grandes rasgos y luego, adaptarte a los jugadores y hacer un modelo de juego respecto a ellos y sus cualidades. Me gusta que mi equipo tenga la iniciativa para defender, defender agresivo, atacar rápido... Me gustan los equipos verticales, agresivos. Que interrumpan si son superados. Al final, los jugadores te marcan.



A la hora de explicar el fútbol, ¿crees que a veces se complica demasiado para darle un tono que no tiene?



El fútbol tiene una parte muy compleja, pero, como entrenador, tú se lo explicas a los jugadores muy masticado. A veces, casi tanto como al público. Intentas simplificar. Luego, tiene su parte realmente simple. El público agradece que les expliques ciertas situaciones de juego. Creo que, si las explicas bien, como siempre, con fichas y un campo, es muy visual. Luego, si entras a partes complejas como coberturas, defensa en zona, quien fija para liberar espacios entras en algo más complejo que podría necesitar formación.


Creo que está bien, que es importante, que el aficionado se interese por el juego. Que entienda porque su equipo juega bien hoy, porque tiene problemas con otros equipos. Yo agradezco que se interese en estas cosas.



Luego, claro, está el ruido...



A mí la polémica no me interesa tanto. Cuando favorecen al equipo que a mí me gusta, que, si me perjudican, pues este ya roba... Creo que hay que educar en este aspecto y hablar más del juego. Con los penaltis, por ejemplo, yo puedo decir mi opinión, pero no es importante lo que yo diga. Ya vendrá alguien a decirme que si soy madridista y por eso digo esto. Si comento un Madrid-Barça estoy muerto.


Si pasa algo en un área y lo comento unos me dirán que soy madridista y si digo otra cosa, me dirán que si soy pseudomadridista. Estoy muerto por los dos lados (risas). Lo importante es lo que diga el árbitro, al final. Yo ni soy árbitro. Lo interesante, es que analice el juego. Creo que para eso estoy.



Como jugador, tú has vivido esa situación del penalti. Que siempre quieres que te lo piten...



Además, en las jugadas caben diferentes interpretaciones. A mí el contacto me parece que puede ser suficiente o no. Creo que hay mucha histeria con esas jugadas. Yo trato de centrarme más en el juego.